Solo te vi un día, era jueves... Y te acompañaba alguien más, una mujer simpática me dije cuando nos presentaron, avanzada la noche nos distanciamos, yo me divertía por un lado y tu muy lejos, por una simple búsqueda de entretenimiento nos encontramos de nuevo, al sentirte cerca, no pude alejarme mas... Esa noche te pedí que te quedaras conmigo, me dijiste que no y nuestros labios se rosaron, pensé en ti todo el resto del día hasta que te escribí un mensaje, contestaste y mis días comenzaron a ser mágicos; tuve miedo al comienzo, no quería algo serio, pero escuche a tus corazón decir que tu interés era, el de dar señales de estabilidad, no lo creí... Pero el hechizo se izo presente, bromeábamos diciendo que tenías una poción secreta, a la semana y sin haber unido nuestros cuerpos, quería vivir experiencias diferentes contigo.
No he dejado de pensarte un día, mis labios parecen estar enviciados, tus pocas palabras no solo me alimentan, me enamoran, quisiera alargar las horas y conversar, besarnos y seguir hablando, el solo hecho de verte gesticular, me conforta; pequeñas palabras, en un delicado tono, a veces imperceptible, me engrandecen; tu silencio me mira y charla conmigo, presiono para escucharte, cuando ya lo había hecho.
Es todo tangible, pero irreal; siento el aroma de tu piel, pero no lo creo; me quedo sin aliento al besar tu cuello, mi cuerpo se adhiere al tuyo con una atracción exquisita, siento la punta de mi pie acariciándote, mis rodillas estabilizando los movimientos, mis muslos subiendo de temperatura; al mismo tiempo que nuestros rostros son victimas de una lluvia de besos, tus labios perfectos ya no pronuncian palabras, yo igual los escucho, los siento, tu aliento y el olor de tu piel, me estimulan, un pequeño sonido de placer los acompaña y para mi es insostenible la cordura, mis manos se deslizan por un color canela, de curvas en movimiento y se detienen en un baile demencial que proviene de tus caderas, solo para gritar con mi cuerpo que te amo, mujer mágica.


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