Vino palabra de Jehová a alguien de nosotros, descendiente de cualquier apellido, diciendo: Levántate y ve a alguna ciudad, a una gran ciudad, y pregona contra ella; porque ha subido su maldad delante de mí. Y ese alguien se levantó para huir de la presencia de Jehová, a cualquier parte del mundo, y se fue al aeropuerto, y halló un avión que se iba muy lejos, y pagando su pasaje, entró en él para irse , lejos de la presencia de Jehová.
Pero Dios, permitió que ese avión fuera secuestrado, por unos hombres que con bombas y armas amenazaron con hacer explotar el avión y el aeropuerto. Y los tripulantes tuvieron miedo, y cada uno clamaba a sus santos, y le ofrecieron a los asaltantes todos sus bienes, para ver si se salvaban. Y ese alguien estaba en primera clase con sus mantas encima ya durmiendo.
Y el piloto se le acercó y le dijo: ¿Qué tienes, dormilón? levántate, y clama a algún santo, y quizá él tendrá compasión de nosotros, y no pereceremos. Y dijeron cada uno a su compañero: Averigüemos quien es el mas rico o mas importante, o por quien estarían aquí los secuestradores y fue cuando conocieron a ese alguien. Entonces le dijeron ellos: decláranos ahora por qué te están buscando. ¿Qué oficio tienes, y de dónde vienes? ¿Cuál es tu tierra, y de qué pueblo eres?. Y él respondió: Soy de algún lado, y temo a Jehová, Dios de los cielos, que hizo el mar y la tierra. Y aquellos hombres temieron sobre manera, y le dijeron: ¿Por qué has hecho esto? porque ellos sabían que huía de la presencia de Dios, pues él se los había declarado. Y le dijeron: ¿Qué haremos contigo para que estos hombres nos dejen en paz? porque los hombres ya estaban a punto de poner a funcionar sus armas. Él les respondió: entréguenme a ellos, y cuando les haya dado todos mis bienes y mi dinero, y mis lujos, ellos los dejarán ir; porque yo sé que por mi causa ha venido esta gran tempestad sobre todos los aquí presentes.
Y aquellos pasajeros trataron de convencer a los maleantes para que se tranquilizaran y no mataran a nadie; más no pudieron, porque los hombres cada vez estaban más y más furiosos contra ellos. Entonces todos clamaron a Jehová, Dios, y dijeron: te rogamos ahora, Jehová, que no perezcamos nosotros por la vida de este hombre, ni pongas sobre nosotros la sangre inocente; porque tú, Jehová, has hecho como has querido. Y tomaron a ese alguien, y lo entregaron a los secuestradores y ellos se aquietaron. Y temieron los pasajeros y todo el aeropuerto a Dios con gran temor, y le ofrecieron gratitudes y oraciones, y arrepentimiento, e hicieron votos. Y Dios permitió que los secuestradores se llevaran a ese alguien fuera del aeropuerto, metido en la cajuela de una camioneta y amarrado, en un viaje de tres días y tres noches.
Entonces ese alguien oró a Dios desde la cajuela de esa camioneta oscura y mal oliente, y dijo:
Invoqué en mi angustia a Dios, y él me oyó; Desde el seno del Seol clamé, Y mi voz oíste... (Jonás 2.3) después de haber orado sin cesar y arrepintiéndose al señor los delincuentes soltaron a ese alguien, ¡lo dejaron en Libertad!.
Vino de nuevo palabra de Dios a ese alguien; ve a aquella ciudad y proclama en ella el mensaje que yo te diré. Y se levantó ese alguien, y fue hacia esa ciudad conforme a la palabra del señor. Y era una ciudad grande en extensión para recorrer. Y así comenzó ese alguien a predicar y decía: de aquí a 40 días esta ciudad será destruida. Y los hombres de esa ciudad creyeron a Dios, y proclamaron ayuno, todos los habitantes, y llego la noticia hasta los gobernantes de la ciudad, y uno de sus gobernante se arrepintió de sus pecados e hizo un llamado para que todos los habitantes ayunaran y oraran al señor, por una salvación eterna, comenzaron a señorear las tierras y en los animales de dicha tierra, con rectitud y conciencia divina, pues al Dios creador de todo, se lo pidieron... Y vio Dios lo que hicieron, que se convirtieron de su mal camino; y se arrepintió del mal que había dicho que les haría, y no lo hizo.
Pero ese alguien se apesadumbró en extremo, y se enojó. Y oró a Jehová, Dios y le dijo: Ahora, oh Dios mío, ¿no es esto lo que yo decía estando aun en mi tierra? Por eso quería huir; porque sabia que tu eres Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte, y de grande misericordia, y que te arrepientes del mal. Ahora pues, Dios mío, te ruego que me quites la vida; porque mejor es la muerte que la vida, pues ahora me creerán loco, o ridículo, mentiroso o falso profeta. Y le dijo el señor: ¿haces tu bien en enojarte tanto?
Y salió ese alguien a acampar en las afueras de esa ciudad recién salvada, y se sentó debajo de un arbusto, con buena sombra, a ver que seria de sus días ahora. Y preparó Dios, que al arbusto le crecieran hojas más frescas y en abundancia para darle alegría a ese alguien. Pero al venir el alba del día siguiente, Dios preparó un gusano, el cual hirió la planta, y se secó. Cuando ese alguien se despertó, se puso peor y deseaba su muerte en cada segundo; entonces dijo Dios: ¿tanto te enojas por el arbusto? y el respondió: mucho me enojo, hasta la muerte. Y dijo Dios: tuviste tú lástima del arbusto, en el cual no trabajaste, ni lo hiciste crecer; que solo un día te dio sombra y una noche te acompaño. ¿Y no tendré piedad de esa ciudad, donde hay más de 800 mil personas que no saben discernir entre su mano derecha y su mano izquierda, y muchos animales?
Bien podría ser Maracay esa ciudad, y bien podrías ser tú ese alguien... Dios esta en todas partes y bienaventurados los que hablan en su nombre, pues el los ve; "mateo 5"
Pero Dios, permitió que ese avión fuera secuestrado, por unos hombres que con bombas y armas amenazaron con hacer explotar el avión y el aeropuerto. Y los tripulantes tuvieron miedo, y cada uno clamaba a sus santos, y le ofrecieron a los asaltantes todos sus bienes, para ver si se salvaban. Y ese alguien estaba en primera clase con sus mantas encima ya durmiendo.
Y el piloto se le acercó y le dijo: ¿Qué tienes, dormilón? levántate, y clama a algún santo, y quizá él tendrá compasión de nosotros, y no pereceremos. Y dijeron cada uno a su compañero: Averigüemos quien es el mas rico o mas importante, o por quien estarían aquí los secuestradores y fue cuando conocieron a ese alguien. Entonces le dijeron ellos: decláranos ahora por qué te están buscando. ¿Qué oficio tienes, y de dónde vienes? ¿Cuál es tu tierra, y de qué pueblo eres?. Y él respondió: Soy de algún lado, y temo a Jehová, Dios de los cielos, que hizo el mar y la tierra. Y aquellos hombres temieron sobre manera, y le dijeron: ¿Por qué has hecho esto? porque ellos sabían que huía de la presencia de Dios, pues él se los había declarado. Y le dijeron: ¿Qué haremos contigo para que estos hombres nos dejen en paz? porque los hombres ya estaban a punto de poner a funcionar sus armas. Él les respondió: entréguenme a ellos, y cuando les haya dado todos mis bienes y mi dinero, y mis lujos, ellos los dejarán ir; porque yo sé que por mi causa ha venido esta gran tempestad sobre todos los aquí presentes.
Y aquellos pasajeros trataron de convencer a los maleantes para que se tranquilizaran y no mataran a nadie; más no pudieron, porque los hombres cada vez estaban más y más furiosos contra ellos. Entonces todos clamaron a Jehová, Dios, y dijeron: te rogamos ahora, Jehová, que no perezcamos nosotros por la vida de este hombre, ni pongas sobre nosotros la sangre inocente; porque tú, Jehová, has hecho como has querido. Y tomaron a ese alguien, y lo entregaron a los secuestradores y ellos se aquietaron. Y temieron los pasajeros y todo el aeropuerto a Dios con gran temor, y le ofrecieron gratitudes y oraciones, y arrepentimiento, e hicieron votos. Y Dios permitió que los secuestradores se llevaran a ese alguien fuera del aeropuerto, metido en la cajuela de una camioneta y amarrado, en un viaje de tres días y tres noches.
Entonces ese alguien oró a Dios desde la cajuela de esa camioneta oscura y mal oliente, y dijo:
Invoqué en mi angustia a Dios, y él me oyó; Desde el seno del Seol clamé, Y mi voz oíste... (Jonás 2.3) después de haber orado sin cesar y arrepintiéndose al señor los delincuentes soltaron a ese alguien, ¡lo dejaron en Libertad!.
Vino de nuevo palabra de Dios a ese alguien; ve a aquella ciudad y proclama en ella el mensaje que yo te diré. Y se levantó ese alguien, y fue hacia esa ciudad conforme a la palabra del señor. Y era una ciudad grande en extensión para recorrer. Y así comenzó ese alguien a predicar y decía: de aquí a 40 días esta ciudad será destruida. Y los hombres de esa ciudad creyeron a Dios, y proclamaron ayuno, todos los habitantes, y llego la noticia hasta los gobernantes de la ciudad, y uno de sus gobernante se arrepintió de sus pecados e hizo un llamado para que todos los habitantes ayunaran y oraran al señor, por una salvación eterna, comenzaron a señorear las tierras y en los animales de dicha tierra, con rectitud y conciencia divina, pues al Dios creador de todo, se lo pidieron... Y vio Dios lo que hicieron, que se convirtieron de su mal camino; y se arrepintió del mal que había dicho que les haría, y no lo hizo.
Pero ese alguien se apesadumbró en extremo, y se enojó. Y oró a Jehová, Dios y le dijo: Ahora, oh Dios mío, ¿no es esto lo que yo decía estando aun en mi tierra? Por eso quería huir; porque sabia que tu eres Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte, y de grande misericordia, y que te arrepientes del mal. Ahora pues, Dios mío, te ruego que me quites la vida; porque mejor es la muerte que la vida, pues ahora me creerán loco, o ridículo, mentiroso o falso profeta. Y le dijo el señor: ¿haces tu bien en enojarte tanto?
Y salió ese alguien a acampar en las afueras de esa ciudad recién salvada, y se sentó debajo de un arbusto, con buena sombra, a ver que seria de sus días ahora. Y preparó Dios, que al arbusto le crecieran hojas más frescas y en abundancia para darle alegría a ese alguien. Pero al venir el alba del día siguiente, Dios preparó un gusano, el cual hirió la planta, y se secó. Cuando ese alguien se despertó, se puso peor y deseaba su muerte en cada segundo; entonces dijo Dios: ¿tanto te enojas por el arbusto? y el respondió: mucho me enojo, hasta la muerte. Y dijo Dios: tuviste tú lástima del arbusto, en el cual no trabajaste, ni lo hiciste crecer; que solo un día te dio sombra y una noche te acompaño. ¿Y no tendré piedad de esa ciudad, donde hay más de 800 mil personas que no saben discernir entre su mano derecha y su mano izquierda, y muchos animales?
Bien podría ser Maracay esa ciudad, y bien podrías ser tú ese alguien... Dios esta en todas partes y bienaventurados los que hablan en su nombre, pues el los ve; "mateo 5"
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